작성자 : 라키스 작성일 : 2026-08-24 13:55:42 조회수 : 10
출처 : El país
발행일 : 2026.8.24.
원문링크 : https://elpais.com/argentina/2026-08-24/la-reedicion-de-una-novela-legendaria-en-argentina-aviva-el-enigma-nunca-resuelto-de-su-autoria.html
원문요약 : 1. 그녀의 이름은 빛(Luz era su nombre)이 초판 65년 만에 프랑스 경제문화기금(FCE)에서 재출간되며 실저작자에 대한 논란이 수면 위로 떠올랐다.
2. 공산당원이었던 칸토 남매가 명의를 빌려 제출했다는 심사위원의 기록과 의혹이 존재하지만, 공식적인 실저자는 여전히 실비아 모야노 델 바르코로 알려져 있다.
3. 해당 소설은 추리물과 서스펜스, 심리극과 사회비판이 결합된 단편 탐정소설로 부에노스아이레스의 거리와 지역방언을 배경으로 한다.

‘Luz era su nombre’ fue premiada hace 65 años por un jurado que integraron Borges y Bioy Casares; desde entonces perdura el misterio sobre quién la escribió

 

Carlos Montemayor, Jorge Luis Borges y Pedro Meyer, en la capilla Alfonsina, en 1973.Rogelio Cuéllar

“Encontramos una buena novela para el concurso [...] Discutimos los personajes como si fueran reales”. Adolfo Bioy Casares escribió esa entrada en su diario el lunes 7 de agosto de 1961. La primera persona del plural incluía a su amigo Jorge Luis Borges y la novela elogiada, a la que un jurado integrado por ellos y otros escritores distinguiría ese año con el premio literario del periódico La Nación, se titulaba Luz era su nombre. La obra apareció por entregas en el diario y, en 1962, fue publicada como libro. Desde entonces y hasta ahora, nunca había sido reeditada. Quizás, entre otras razones, porque no se sabe quién la escribió.

Cuando los jurados de aquel certamen de novelas inéditas abrieron el sobre para revelar al autor, descubrieron el nombre de Silvia Moyano del Barco. Nacida en 1927, en la provincia argentina de San Luis, la mujer no tenía obra literaria conocida y trabajaba como profesora de escuelas en Buenos Aires. Cobró los 100.000 pesos del premio y pronto comenzaron las dudas.

“Desde hace unos meses, el mundo literario local fue invadido por una ola de rumores: todos decían que Luz era su nombre era el producto de una colaboración entre varias personas”, informaba la revista Primera Plana en su edición del 9 de julio de 1963. “Las versiones más agresivas señalaban, incluso, que la señora Moyano no había trazado una sola línea”. La revista afirmaba haber consultado a Moyano y que ella había ratificado su autoría del libro, pero el artículo concluía que la cuestión resultaba “inextricable”.

La versión más plausible, repetida como una verdad nunca confirmada, aparece consignada algunos meses más tarde en los mismos diarios de Bioy Casares. El 13 de octubre de 1963, tras pasar el domingo en la localidad de San Isidro, Borges y Bioy regresan en auto con la también escritora Alicia Jurado (1922-2011). “Dice que Estela Canto la visitó y le contó que entre ella y su hermano escribieron Luz era su nombre; que pusieron un poco de suspenso y de acción policial para Borges y Bioy, un poco de religión para Carmen Gándara [escritora e integrante del jurado], un poco de interpretación del país para Mallea [Eduardo, escritor y jurado también]; que seguros de que a ellos no les darían el premio (por comunistas) apalabraron a un fulano, un empleaducho, que a último momento se echó atrás; pensaron entonces en Golly Moyano: por bruta, no se negaría; concertaron que en caso de premio se lo repartirían por mitades”.

Borges y Bioy, que conocían muy bien a los hermanos Canto, se indignaron y se negaron a creer que fuera cierto.

Cultos y escandalosos

Estela Canto (1919-1994) y su hermano Patricio (1916-1989) fueron dos particulares miembros de aquel mundo literario argentino del siglo XX. “Eran dos personajes extraordinariamente cultos”, dice Daniel Mecca, autor de la biografía Los Canto (Emecé, 2024). “Tenían una autonomía intelectual muy poderosa y eran bastante escandalosos para la época. Por ejemplo, ellos mismos regaban como pólvora la idea de que eran incestuosos”. Pese a sus ideas de izquierda, fueron durante varios años parte del grupo de escritores mayormente conservadores —y luego antiperonistas— vinculado a la revista Sur, como Borges y Bioy. “Los Canto rompían la regla número uno de Sur, que era la discreción, pero eran aceptados y solicitados por su erudición”, agrega Mecca.

Ambos fueron reconocidos traductores. Patricio cultivó el ensayo, como en El caso Ortega y Gassett (1958); y Estela, la novela: con El muro de mármol (1945) recibió el premio municipal de Buenos Aires. No obstante, la memoria suele relegarlos y a ella la ha reducido a ser uno de los amores imposibles de Borges, con quien mantuvo una relación personal a mediados de los años cuarenta y a quien le dedicó, al final de su vida, un libro cargado de revelaciones íntimas, Borges a contraluz (1989). Borges, por su parte, basó en ella el personaje de Beatriz Viterbo, de El Aleph (1945): en sus primeras publicaciones, el cuento mencionaba a Estela Canto en la dedicatoria y el escritor le regaló el manuscrito original —Canto lo vendió en una subasta en 1985 y fue adquirido por el Ministerio de Cultura de España—.

No hay ninguna prueba de que los hermanos Canto hayan sido los autores de Luz era su nombre, pero la conjetura parece razonable. “La mayoría de los testimonios de las personas que los conocieron coinciden en que el texto fue escrito por Estela y por Patricio”, dice su biógrafo. “Ellos creían que, como eran miembros del Partido Comunista, no iba a ser aceptada su novela”.

Hay otro hecho que alimenta las sospechas. En Borges, esplendor y derrota (1996), María Esther Vázquez asegura que Estela Canto sabía “aprovechar el conocimiento que tenía del escritor” y que, según contaba, en 1964 había presentado una poesía en la Fiesta Nacional de las Letras, en la ciudad de Necochea: el poema “atendía, respetaba y hasta exageraba las preferencias literarias de Borges, que era jurado, y ganó el premio”. En ese caso, no habría temido que su comunismo la perjudicara.

Si no hay certeza de que los Canto escribieran la novela premiada por La Nación, tampoco es fácil creer que lo hiciera Moyano del Barco. La supuesta autora no había publicado antes de ganar el concurso y, después, apenas hay registro de un cuento, La casa sin terminar, aparecido en la revista Ficción, en 1962. Es un relato evidentemente inferior a la novela —aunque en ambos textos se narra un femicidio—. De haber sido una testaferro, los rumores también sugieren que los Canto nunca cobraron su parte del premio.

Suspenso y crítica social

A 65 años de su publicación original, Luz era su nombre acaba de ser reeditada por el Fondo de Cultura Económica (FCE). El lector contemporáneo podrá evaluar una novela breve que conjuga el suspenso del relato policial con cierta crítica social, al machismo en especial, y la tensión del drama psicológico.

En el prólogo, el escritor y docente Aníbal Jarkowski destaca, más allá del dilema de su autoría, que quien escribió la novela “mostró conocimiento en la composición y el desarrollo de la trama, con su deriva hacia el dramatismo de las páginas finales de la historia”. El incierto autor, con un estilo “cargado de la ironía que portan esos relatos que, para ridiculizar a su protagonista, le ceden la palabra y lo convierten en el narrador”, visita junto a sus personajes las calles de Buenos Aires y el particular habla de los porteños.

Para Jarkowski, la novela deja leer complejas e inquietantes analogías con la relación que Borges mantuvo con Estela Canto. Como “la patética idealización” de la mujer, “los perfiles feministas” de la protagonista, “su elogio de la aventura y su correspondiente desdén hacia ideales consolidados —la veneración de los hombres por la virginidad de las mujeres, por ejemplo—”, o “la naturalización de una pasión consanguínea entre una tía y su sobrino, que establece consonancias, al mismo tiempo, con la de Beatriz Viterbo por su primo Carlos Argentino Daneri” en El Aleph y “la de Estela por su hermano Patricio”.

Con la reedición de Luz era su nombre, el FCE relanza la Serie del Recienvenido, una colección creada por Ricardo Piglia (1941-2017) y ahora dirigida por Jarkowski. La elección de una novela de imprecisa autoría parece adecuada a una colección que alude a los Papeles de Recienvenido (1929), de Macedonio Fernández (1874-1952), el maestro de la digresión metafísica que idolatró Borges en su juventud, uno de los precursores de la obra abierta a la creatividad del lector y de la idea del autor como un personaje más de la literatura.

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