작성자 : 라키스 작성일 : 2026-03-11 11:50:41 조회수 : 11
국가 : 페루 언어 : 스페인어 자료 : 문화
출처 : EL PAÍS
발행일 : 2026.03.11
원문링크 : https://elpais.com/cultura/2026-03-10/muere-el-escritor-peruano-bryce-echenique-a-los-87-anos.html
원문요약 : El peruano, autor de ‘Un mundo para Julius’ o ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, es una de las figuras clave de la generación ‘post-boom’

Muere Alfredo Bryce Echenique, escritor vitalista y gigante de las letras latinoamericanas


El peruano, autor de ‘Un mundo para Julius’ o ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, es una de las figuras clave de la generación ‘post-boom’

El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique ha muerto en Lima a los 87 años, según han confirmado fuentes cercanas al autor. Se ha marchado el autor cuya única pretensión era siempre tener un cuento que contar. Un creador desfachatado que huía de la solemnidad. Era imposible resistirse a su prosa, así como a su oralidad, sazonada con mil y una anécdotas.

Fue uno de los referentes de la generación post-boom de la narrativa latinoamericana, o el último del boom, según se mire, ya que fue contemporáneo de los grandes escritores de aquel movimiento, pero comenzó a publicar cuando este ya había explotado. Su primera novela, Un mundo para Julius, donde retrata las apariencias de la alta burguesía limeña desde la mirada de un niño que vivía en una mansión, fue también su gran obra. Con ella ganó el Premio Nacional de Literatura de Perú en 1972 y fue galardonada con el premio a la Mejor Novela en Francia en 1974. Fue el escritor que retrató a los ricos desde dentro, algo inédito para la época.

Su amigo, el también escritor Jorge Eduardo Benavides, ha lamentado su muerte en las redes sociales. “No solo fue un grandísimo escritor, con un estilo absolutamente personal, certero, fino, lleno de deliciosos hallazgos (...) fue también una gran persona y un amigo leal, cariñoso y lleno de detalles y atenciones”, se lee en su página de Facebook. También Álvaro Vargas Llosa, hijo del Nobel peruano, mostró su pesar ante el fallecimiento de Bryce Echenique, “uno de los grandes escritores peruanos y de la lengua española”. “Su obra sobrevivirá”, escribió.

Sus amigos siempre han destacado de él su inagotable picardía. “Pidió permiso para vivir e incluso para retirarse. Novelista disparatado, nostálgico de oficio, el último de una estirpe que aprendió a escribir como quien confiesa un pecadillo en un bar a punto de cerrar”, escribió su biógrafo Daniel Titinger en su último cumpleaños. Bryce Echenique no tuvo más pretensiones que escribir, nunca quiso ser el autor de la novela total. Era de los escritores desordenados —la antítesis de Vargas Llosa— cuya vida fue una eterna parranda.

“Lamentamos profundamente la partida del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea. Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores”, escribió en X la agencia gubernamental Casa de la Literatura Peruana. La Presidencia y el Congreso de Perú expresaron también sus más sentidas condolencias por el fallecimiento del célebre autor.

Entre sus cuentos y novelas figuran la citada Un mundo para Julius (1970), La felicidad, já já (1974), La vida exagerada de Martín Romaña (1981), El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985) y No me esperen en abril (1995), novela cuyo título adquiere tintes irónicos, propios del autor, tras su fallecimiento en este mes de marzo.

Alfredo Bryce Echenique nació el 19 de febrero de 1939 en Lima (Perú), en una familia de banqueros. Hizo primaria en el Colegio Inmaculado Corazón hasta su ingreso, con 15 años de edad, en el internado inglés San Pablo. Luego empezó Derecho en la Universidad Nacional de San Marcos de su país, donde también cursó Letras, carrera en la que se doctoró años después por La Sorbona de París.

Viajó a Europa a mediados de los sesenta, persiguiendo el sueño del escritor latinoamericano que debía cruzar el charco para consagrarse. En París, Bryce Echenique fue acogido por Julio Ramón Ribeyro, cuentista peruano, delgado como un alfiler, con quien tejió una amistad inseparable. Fue Ribeyro quien le obsequió el nombre de su ópera prima: Huerto cerrado, su primer libro de cuentos, publicado en 1968, año en el que contrajo matrimonio con Maggie Revilla.

En 1975 obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y marchó a Estados Unidos. Allí escribió para un periódico mexicano diversas crónicas sobre el Sur profundo que fueron recogidas en el volumen A vuelo de buen cubero y otras crónicas (1977). En 1985 se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta febrero de 1999, para regresar a su Perú natal después de lo que él mismo calificó de “exilio voluntario de 34 años en Europa”. A España regresó después para, entre otros motivos, participar en cursos de verano de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander. En 1989 se casó en España con la asturiana Pilar de Vega. En 2004 se casaría por tercera vez con la abogada peruana Ana Chávez.

El amor y el humor fueron el summum de su obra. No concebía el uno sin el otro. Solía decir que sus personajes hacían el humor y el amor al mismo tiempo. “Hay que matarse de risa y de amor”, anotaba. Con el mismo sentido del humor se tomaba la fama, sobre todo cuando le cambiaban el apellido o lo confundían con otros autores en la cola del supermercado. Incluso cuando un sector del mundillo literario le lanzaba unos dardos, asegurando que era un escritor de un solo libro que escribió cuarenta.

Degustador de vodkas, Bryce Echenique era un convencido de que el alcohol era esencial para corregir y madurar las palabras. “¿Quién no escribe un cuento o una novela sin antes haber consumido una cantidad de alcohol, no mientras se escribe, sino antes o después?”. Tenía por costumbre meterle mano a sus textos con unas copas de más y al día siguiente revisar sus correcciones, casi siempre acertadas. “Se corrige mejor estando así. Uno es más atrevido”, bromeaba muy en serio.

En una entrevista para EL PAÍS en 2021, se le propuso: “Su literatura va de amor, amistad y memoria”, y él respondió: “El amor es el pasado. En Lima veo a mi primera esposa; en Madrid me encuentro con mi segunda esposa y a mis amigos del pasado, vínculos que se mantuvieron a través de los años. El fondo del asunto es lo que he dicho siempre: escribo para que mis amigos me quieran más. La memoria es mi manera de no olvidar. Y el libro es un adiós a todo aquello, la despedida final”. Como Mario Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro, regresó a Lima para morir y comenzar a ser eterno.

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